Thursday, May 02, 2013

Preludio de fin de reino?







Si yo hubiese sido Nicolás Maduro, habría repudiado inmediatamente y con fuerza los sucesos de violencia de la Asamblea Nacional del 30 de abril. Sino por convicción propia, al menos para evitar el golpe de estado interno que Diosdado Cabello le está tratando de dar desde la Asamblea Nacional. El no haberlo hecho demuestra la debilidad del gobierno y de la figura de Maduro.

Lo que pasó el martes 30 de Abril en la Asamblea va más allá de ser una salvajada, impensable en un país democrático.

Para entenderlo, hay que ir para atrás. Hay que acordarse que Cabello es uno de los pocos militares de los que Chávez no pudo deshacerse nunca. Se trata de un hombre poderoso, con influencia en el ejército y que posicionó hábilmente a sus peones en distintas esferas del poder. Tan bien lo hizo que logra colocarse en la Asamblea Nacional en un momento clave. Diosdado no pierde tiempo, se hace nombrar Presidente de la Asamblea y desde allí le hace contrapeso a cualquier figura que pueda asomarse desde el ejecutivo, esperando el momento en que sea su turno.

El turno no viene, Chávez se las arregla para dejar en claro que no quiere a Cabello como sucesor y luego sus herederos se las arreglan a su vez para que constitucionalmente no tenga que tomar el poder ni siquiera a corto plazo. La opinión pública opositora en ése momento está demasiado ocupada con los dimes y diretes de la sucesión de Chávez y, en contraposición con el cubanismo claro del candidato sucesor, deja tranquila a la figura de Cabello, que sigue consolidando su poder, listo para el asalto.

La excusa viene después de las elecciones. Maduro derrite en pocas semanas el capital de simpatía heredado de la muerte de Chávez. Los resultados son cerrados, tan cerrados que la oposición no los reconoce: en un país dividido en dos y con tanto abuso de poder por parte del gobierno, cualquier incidente extra tiene una alta probabilidad de haber influenciado el proceso. El país se enciende, la gente que no quiere al gobierno, harta de 14 años de abuso, sale a la calle. Maduro, que en un primer momento acepta el pedido de reconteo se echa para atrás ante las presiones de los voceros fuertes de su partido. Es allí donde Cabello sale al ataque con una carta que nadie había venido venir: desde su puesto de Presidente de la Asamblea emite una orden inédita en ningún Parlamento: aquellos que no estén conformes con la elección de Maduro, no podrán hablar, serán destituidos de sus puestos en las comisiones parlamentarias y no cobrarán sueldo.

En un primer momento, la noticia es tan inmensa que parece una payasada. ¿Con qué derecho el Presidente de la Asamblea Nacional despoja a los diputados electos por el pueblo de su poder de representación? Pero en unos días nos damos cuenta que no es el caso. El propio Cabello se encarga de recordar que Chávez contenía a los más extremistas de su grupo, pero que muerto Chávez, le queda la via libre.

Con esa primera maniobra, Cabello desacredita aún más al débil gobierno de Maduro, mientras se consolida a si mismo como el hombre fuerte de la revolución. Maduro, quien conoce muy bien el funcionamiento del Parlamento, en vez de reaccionar, deja que las cosas tomen su curso.  Esta vez, ante las protestas, los diputados de la oposición son amedrentados con una violencia salvaje.

La excusa oficial es que los diputados opositores complotaron para violentarse a sí mismos, o, con sus pitos y vuvuzuelas de protestas llevaron a sus colegas a caerles a palos. La lógica recuerda a la del violador que acusa a la mujer violada de vestirse sexy, o la del esposo violento que acusa a la esposa de haberle llevado la contraria. La idea es tan absurda que no vale la pena ni discutirla, pero si se quiere, basta ver la grabación de los hechos para darse cuenta que ninguno de los miembros de la directiva se inmutó ni un ápice mientras la golpiza tenía lugar en el medio del Parlamento. El diputado que hablaba, siguió hablando, y el Presidente de la Asamblea nunca tomó el micrófono para ordenar que se hiciera orden en la sala. Cabello, o complotó activamente para propiciar la paliza a la oposición o no hizo nada para evitarla.

Es ahí donde Maduro ha debido reaccionar y utilizar su poca cuota de poder en repudiar la agresión y pedir una investigación para meter preso a los culpables. En vez de éso, en un primer momento banaliza lacónicamente el asunto definiéndolo como una sampablera y al final no solo se acoje calmadamente a la historia oficial que Cabello le ha escrito desde la Asamblea, sino que autoriza una cadena nacional para mostrar las pruebas de que lo ocurrido fue complotado por la oposición.

La cadena es ése instrumento de comunicación excepcional que los gobiernos tienen para comunicar situaciones especialísimas y que en los últimos 14 años, en Venezuela, ha servido para promover masívamente la visión y la propaganda del gobierno sobre todas las televisoras. Las llamadas pruebas son en realidad una grabación detallada en las que la cámara oficial de la Asamblea Nacional sigue fortuitamente y con una música de misterio como fondo todos los movimientos "sospechosos" de los diputados de la oposición, en especial los de la diputada Machado quien es vista hablando solapadamente con sus colegas. Los diputados complotan alrededor de un bolso, que se pasan los unos a otros. De pronto aparece una vuvuzuela y luego un pito, y al final una gran pancarta con el escrito "Golpe al Parlamento".

El clip es tan burdo que sería risible, como una mala película de misterio. Pero el abuso le quita a uno el sentido del humor: la manipulación clara del recurso de video de la Asamblea Nacional, la música con transfondo de complot, la utilización de las ondas y los portales de los medios de comunicación públicos, el abuso de la cadena.

A partir de aquí, no está clara cuál será la progresión de eventos. El primer paso fue mandar a callar, el segundo golpear, cuál será el tercero... No está clara cuál es la política de Maduro, ni la de Cabello. Se entiende que Cabello quiere mostrar su fuerza desde la Asamblea y ha escogido aplicar fascismo y represión desde la cúpula de poder en la que se encuentra, pero el pueblo chavista no debe estar contento con lo que se vivió en la Asamblea. Maduro por su parte, lleva la política de la veleta.

Yo no se si esta historia tendrá un final feliz o no, pero no me extrañaría que estemos viviendo el preludio de fin de reino.


Thursday, April 18, 2013

El CNE impide el acceso desde el exterior



Hace unos minutos lo leí e hice la prueba, primero con mi browser setting normal y luego con un proxy venezolano. Efectivamente, se tiene acceso a la página del CNE sólo desde Venezuela. Arriba les puse la foto de lo que obtuve cuando entré.

Qué pasa Tibisay? De qué tienen miedo?

Saturday, April 13, 2013

Pleamares

Mañana será la primera elección sin Chávez desde hace catorce años. Catorce años son muchos, forman a una persona, marcan a una generación.

Mañana será la primera elección sin Chávez y será una elección indefinida porque los venezolanos lo votaron así: el que ahora se quede, podrá, si el pueblo lo pide, quedarse para siempre.

No es evidente, ni siquiera Chávez pudo hacer más que su tiempo y mira que lo intentó. Lo intentó tanto, que cambió la Constitución, el nombre del país, la bandera, el escudo y la forma de gobierno para conseguirlo y, al final, no pudo. Al final todo el esfuerzo fue para que ese muchachote grandote y bigotudo que era chofer de autobús y se metió nadie sabe cómo en el grupo de gobierno pueda gobernar ahora para siempre. O, peor aún, para que el flaco al que se le ocurrió retarlo en el 2012, pueda ocupar su puesto hasta que quiera. O incluso peor, para que cualquiera de sus enemigos, incluso ésos que él mandó a meter en la cárcel puedan de nuevo montarse en el coroto y quedarse ahí para siempre.

La historia me recuerda vagamente  los chistes del genio desgraciado que otorga deseos de manera literal.

Los economistas dicen que quienquiera que gane va a tener que tomar medidas serias, que el país se viene abajo.  No soy economista pero no hace falta serlo. Pero lo que me hace reflexionar no es la economía, es el país mismo:Venezuela es un país al borde de una guerra civil.

La guerra no se ha materializado por varias razones. Una porque sigue habiendo plata, la otra porque nos parecemos mucho los unos con los otros y es muy difícil decir a qué tribu pertenece cada quién y, finalmente, porque alguien alguna vez decidió que éramos todos católicos, para bien o para mal, con poquísimas excepciones, así que nadie se va a ir a pelear por la iglesia donde se bautiza.

La otra cosa que nos ha salvado de la guerra civil es el amor por la guachafita. En Venezuela nada se toma en serio, salvo la diversión y la rumba. Pero incluso ese amor por el bonche se desgasta en catorce años de odio.

El odio es una cosa seria, no es lineal, es exponencial, se multiplica a si mismo en cada incidente. Y los incidentes vienen por la polarización. En catorce años el país ha vivido de dos cosas: de un incesante boom petrolero y de polarización. En catorce años, cada quien perdió el papel que solía tener y se convirtió en un soldado activo o latente de esa polarización que alimentaba la vida.  Los amigos, enemigos, compañeros, familiares, colegas dejaron a un lado su naturaleza intrínseca para convertirse en blanco o vehículos de la polarización. Nuestra comprensión de eventos, nuestra guía, discernimiento, profesionalismo, humanismo y ética, fueron coloreados por el lente abusivo del odio.

Lo más terrible, es que no nos damos cuenta.

Mañana son las elecciones y hay que aprovechar que Chávez, con su mensaje carismático de división y su uso abusivo de medios para inculcarlo, ya no está entre nosotros. A partir de mañana los venezolanos tenemos la oportunidad de construir un país y una sociedad mejor. Ganemos o perdamos, hay que bajar el nivel de odio.




Friday, March 08, 2013

Hugo Chávez: El hombre que no fue


Lo más trágico de la muerte de Hugo Chávez es lo poco que le queda a Venezuela de 21 años de historia, de 14 años de gobierno y de la más grande entrada petrolera de todos los tiempos. Hugo Chávez no formó líderes, porque no quería formarlos. No creó instituciones, porque no quería crearlas, no unió a los venezolanos hacia un ideal común, porque no quería unirlos, no aseguró el bienestar común de las generaciones futuras, porque no sabía cómo hacerlo.

El leitmotiv que guiaba sus actos era conservar el poder para siempre. En ese aspecto, su eficiencia y su visión fueron inigualables: con la excusa de una nueva Constitución para el pueblo, cambió las normas y las instituciones de manera supuestamente legal comenzando la avanzada hacia la reelección indefinida. Prosiguió enfrentando la independencia institucional en todas sus formas: política, económica, administrativa, el Estado, dejó entonces de existir para concentrarse en un solo hombre.

A aquellos que se le opusieron, una clase intelectual y política poco preparada para lo que les venía, los desnaturalizó. Fue así como los medios de comunicación privados se convirtieron en una oposición oficial, en hipérbola permanente, perdiendo su papel institucional y dejando un inmenso vacío en la vida demócratica del país que se acostumbró a vivir en un cuento de Pedro y el Lobo de manera continua. Los medios públicos, por su parte, pasaron a ser simplemente instrumentos de propaganda. Fue así también como los intelectuales del país, por serios que hubiesen sido antes de la llegada de Chávez, dejaron de serlo, y se convirtieron o bien en colaboradores y repetidores de la doctrina oficial, o bien en reaccionarios viscerales. En ambos bandos, se implantó entonces un sistema de censura y de pensamiento único, nunca antes visto en la historia reciente de Venezuela. Chávez pudo así gobernar a sus anchas, exacerbando el ambiente de división en sus frecuentes discursos y utilizando sin verguenza ni restricciones los recursos del Estado. Hay que reconocer que, en ese ámbito, tuvo suerte. Le tocaron a la vez años dorados de bonanza petrolera y años de transformación del orden político y económico mundial, que él supo explotar con gran pericia nacional e internacionalmente.

De hecho, los años de Chávez fueron en el resto del planeta una época de grandes cambios: sociales, políticos, económicos, religiosos, tecnológicos, exacerbados por un nuevo medio de comunicación instantánea y compulsiva: Internet, en el que los límites de la verdad y la mentira no están claramente delineados. Entonces, ayudado por una guerra y un Presidente americano impopulares y con noticias que vuelan literalmente a la velocidad de la luz, el carismático Chávez comenzó a hacer el papel del niño que le grita al Emperador que está desnudo, un papel demasiado irresistible para un mundo embelesado por la imagen y dominado por la rectitud política.



Hugo Chávez, no fue el santo proveedor de todos los milagros que le atribuyen los que lo apoyaron, pero tampoco fue el dictador implacable como lo identifican muchos de quienes lo adversaron. No fue un dictador, pero tampoco fue un demócrata. Probablemente sus convicciones personales le impedían ser tanto lo uno como lo otro. Sus instintos dictatoriales no eran sangrientos, pero si eran deterministas y siempre enfocados hacia aquellos que le podían impedir que lograra su cometido. Por otro lado, le temía a la democracia, pero la usaba a menudo como ratificación de sus deseos y sus actos.


Los ingleses tienen un dicho, cuidado con lo que deseas porque a lo mejor lo obtienes. Tristemente, Chávez obtuvo lo que deseaba: ser Presidente de por vida. Irónicamente, también fue Presidente por dos períodos, tal como estaba establecido inicialmente en la Constitución, haciendo completamente irrelevante sus años de lucha por la obtención de la reforma constitucional. Digo tristemente no sólo por el aspecto humano de un hombre que muere joven de una enfermedad terrible, sino también porque su muerte sella para siempre el vacío político de sus 14 años de gobierno, que dejará al país como legado: el populismo, el personalismo político, la fusión del partido con el Estado, el desconocer al otro, el negar la institucionalidad, el favorecer la lealtad a la competencia, el re-escribir las leyes y la historia cuando fuera necesario.

Hubiese podido ser de otra manera. Hugo Chávez, como ningún otro líder de su época, tuvo todo en sus manos para impulsar a Venezuela en las bandas del llamado primer mundo. Tuvo el dinero, el poder, el apoyo y todos los medios políticos en sus manos. A su favor, hay que reconocer que puso a Venezuela en el mapa mundial y puso la desigualdad y la pobreza en la agenda política. Pero nos dejó por otro lado un país dividido, de gran pobreza, donde todo se importa, sin líderes, sin instituciones y fuertemente influenciado por otro país más pequeño y de menos recursos.

Yo creo que en sus últimos meses Hugo Chávez se dió cuenta de éllo. No debe haber sido fácil sufrir una enfermedad tan dura como la que le tocó padecer y, al mismo tiempo, ver cómo el tiempo se le iba de las manos sin poder consolidar el papel que le habría tocado jugar, el del hombre “a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país” y no el del “otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más”.

Desde mi teclado anónimo al otro lado del continente me despido del hombre que adversé pero cuyas andanzas seguí diariamente durante tantos años de mi vida. Me entristece su muerte, por él, como ser humano, por lo que no fue, por el tiempo perdido y por Venezuela: a Chávez había que ganarle en vida, en la muerte, perdimos todos.

Friday, February 08, 2013

Snapshot

10 años de control de cambio
Barril a 106$
Presidente en Cuba
devaluación del 46%
escasez del 20%
Saltos de talanquera
Presidente en Cuba
Presidente enfermo
Inflación de 3.3% al mes
Presidente sin dar muestras de vida durante 60 días
Agresiones verbales
Corruptos investigando corrupción
Presidente en Cuba
Ministros en Cuba
Vírgenes llevadas por Ministros a Cuba
Reuniones de Ministros en Cuba
10 años de control de cambio
Barril a 106$
Presidente en Cuba
Subida de tono
Insultos
Agresiones
Ministros en Cuba
Todo en pasa en Cuba
Mientras que en Venezuela, se insulta y se devalúa.


Friday, January 25, 2013

Una foto

El País nunca ha debido publicar la foto, falsa o verdadera, de un Presidente entubado en terapia intensiva. No ha debido publicarla por varias la razones.

La primera es porque la imagen es más de prensa amarillista y voyerista que de periódico serio, como El País.

La segunda es porque la foto no aportaba absolutamente nada al debate. De hecho, contrariamente a la excusa dada posteriormente por el periódico, no se trataba de una noticia, ya que, de haber sido Chávez el enfermo de la foto, hubiese podido tratarse de una instantánea tomada en cualquiera de las operaciones anteriores o simplemente  ser una foto del momento actual pero sin ninguna garantía que hubiese tenido lugar en los últimos días, ni siquiera en el último mes. Por lo tanto, la foto no hubiese dado ninguna fe de vida, ni destapado la verdad de la situación de la enfermedad y el enfermo.

Finalmente, una vez que los editores toman la decisión, así fuese altamente discutible, de publicación, han debido chequear y doble chequear la procedencia. Al no hacerlo, fueron culpables de una asombrosa falta de profesionalismo.

Pero la historia resulta un golpe fenomenal para el gobierno de Venezuela. De pronto, toda la atención concentrada en la ausencia de Chávez es convertida en atención sobre la falsa foto de Chávez. Los ministros y demás personajes claves del gobierno aprovechan la oportunidad para rasgarse las vestiduras en público, repetir ad-infinitum en la televisora del Estado que se trata de un complot de la derecha internacional, rechazar a toda costa las excusas de El País, repetir, repetir y repetir que se trata de una patraña nunca vista, asociar al hecho cuanto medio impreso o no se  haya metido con el chavismo en los últimos tiempos, llamar y volver a llamar a conferencias de prensa, etc, etc.

El resultado, es que ya nadie se pregunta qué pasó con Chávez, ni de la legalidad de la situación venezolana. En estos momentos, todos están concentrados en la bendita foto.

Un periodista italiano se ha atribuido la falsa publicación, bajo la pretención de haber querido poner a prueba el sistema de noticias.  Pero, sinceramente, no me lo creo mucho. De hecho, me pregunto quién está realmente detrás de la foto, quién le aseguró a El País que la foto era verídica y porqué El País cayó en la trampa tan fácilmente.

No se quién fue, pero hay por ahí un dicho que dice "Piensa mal, y acertarás".


Sunday, January 20, 2013

De confidencialidad y responsabilidad


La Ministra Sader explica a VTV que toda persona cuando es paciente médico, tiene derecho a la confidencialidad de su pronóstico y que se trata, allí, de un principio universal de deontología médica.Estamos de acuerdo: un parte médico sólo se puede hacer con el permiso del enfermo. La Ministra, igualmente recuerda que nadie puede ser removido de su cargo por estar enfermo. Ahí de nuevo, estamos de acuerdo: si la ley no protege la minusvalía terminaremos en un mundo espartano, donde no habrá cabida  para la diferencia.

Sin embargo, las declaraciones de la Ministra Sader forman parte de lo que yo llamaría la bruma mediática en la que el gobierno nos envuelve: decir algo cierto, sin ir al meollo del asunto y sin explorar y exponer toda la verdad. De hecho, como dicen en Francés, nadie puede estar contra la virtud. Nadie puede refutar que lo que la Ministra dice sea correcto. Sin embargo, la situación es mucho más compleja, porque no se trata de la confidencialidad de los médicos, el problema no es ése. El primer problema es si el paciente, en posición de gran responsabilidad, tiene el deber de explicar claramente cuál es su pronóstico. La segunda pregunta es que, si bien no se puede remover de un cargo a cualquier enfermo, ¿Qué pasa si el cargo es de gran responsabilidad y el paciente no tiene capacidad para sobrevellarlo?


Referente a la remoción del cargo de un Presidente enfermo,  la Constitución es muy clara en el hecho de que el TSJ puede nombrar a una junta médica para verificar si un Presidente es apto a gobernar. Es lógico pues la función de un Presidente es la de gobernar y para éllo debe tener la capacidad de hacerlo. Un país no puede quedarse congelado en el tiempo con un Presidente que no pueda asumir sus funciones, pues el Presidente es justamente el jefe del Poder Ejecutivo.

En referencia a la responsabilidad frente al país, si bien en Venezuela no existe una obligación Constitucional de divulgar un pronóstico, el Presidente de un país no es un enfermo cualquiera. Es alguien de quien depende el país entero, cuyos gestos y mandatos pueden afectar a millones de personas. Por lo tanto, así no esté obligado de manera explícita, el Presidente tiene la obligación moral de dar información precisa sobre su pronóstico.

En el caso de Venezuela, Chávez no lo hizo. El Presidente nunca dijo exactamente de qué tipo de cáncer se trataba, sino que, siempre en la cortina de humo de los partes médicos a medias, las misas, las santiguadas y los rezos en masa, sumados a los burbujeantes rumores de la prensa opositora, quizás incitados por el mismo chavismo, hemos vivido dos años de zozobra, de altos y bajos, de silencios, curas y reapariciones, sin nunca llegar a saber exactamente cuál era el verdadero pronóstico del Presidente.

Pero la cosa va más allá. El Presidente le mintió al país en la campaña electoral haciéndole creer al electorado que la enfermedad había desaparecido y era apto para el cargo. Quizás el pueblo hubiese votado por él de todas maneras, esperando, como lo espera aún, un milagro. Pero quizás no. Lo importante es que los venezolanos no votaron con la plena conciencia de lo que les deparaba la enfermedad presidencial.

En estos momentos Venezuela está viviendo las consecuencias de la irresponsaibilidad de un Presidente que nunca quiso dar un parte claro de cuál era su pronóstico de salud y que se lanzó a una campaña presidencial a sabiendas de que no podría concluir y quizás empezar su mandato.

 Termino el escrito haciendo la salvedad que tuve cáncer, que conozco la enfermedad y tengo gran empatía por todos aquellos que tienen que enfrentarse a élla, incluyendo al Presidente Chávez a quién le deseo que pueda recuperarse.

Sin embargo, lo valiente no quita lo cortés: que el Presidente haya dejado a Venezuela en este estado de zozobra por creerse indispensable o por no resignarse ante la gravedad de su enfermedad, se trata de una enorme falta de responsabilidad.

Thursday, January 10, 2013

La muerte de Santiago Nassar

Yo siempre he pensado que a Santiago Nassar todos en el pueblo querían matarlo, todos, excepto sus amigos, los hermanos Vicario, que fueron los que finalmente tuvieron que realizar lo que el pueblo entero deseaba secretamente. Desde Ángela Vicario, quien con o sin razón, informa a los hermanos que su amante prenupcial había sido Santiago Nassar, hasta los distintos personajes que dejan que las circunstancias les impidan ya sea avisar a Nassar del peligro o bloquear a los hermanos Vicario en la tarea que ellos deben pero no quieren concluir.

Ésa, por supuesto, es mi interpretación secreta de la Crónica de una muerte anunciada. Interpretación que no he leido en ningún otro espacio y que he guardado conmigo desde hace más de treinta años. Acepto que mi tesis no es explícita y que no tengo más prueba de élla que mi propia suspicacia de lectora. Ahora bien, después de tantos años la he sacado a relucir porque, justamente, el famoso escrito recuerda lo que ha estado ocurriendo en Caracas referente a la Constitución.

Tal como todos sabían de la muerte de Nassar, todos sabían en Caracas que la Constitución sería violada el 10 de Enero. Todos, aparentemente, intentaban hacer algo para que no fuera el caso, pero ese algo no era suficientemente fuerte, certero, convincente, como para evitar que el crimen se produjera.

La oposición gritaba que la cosa era insconstitucional, pero no demasiado fuerte porque, en el fondo, le conviene perfectamente dejar las cosas así para ganar tiempo. Diosdado Cabello hubiese podido impedir que la cosa sucediera, pero se tranzó mansamente, porque, en el fondo, le conviene que Maduro se queme. Los chavistas del gobierno no gritaban para nada porque simplemente no querían que Diosdado fuese Presidente. El pueblo no tenía interés en la cosa, porque no quiere meterse en rollos constitucionales. Los países amigos y enemigos hablaban de la boca para afuera pero no exigían mucho, porque a nadie le convenía un impasse en Venezuela. Los mercados también hicieron chitton-chitton, para calmar el juego.

Finalmente el TSJ hizo feliz a todo el mundo, aprobando el status quo que todos habían esperado, aprobando la puñalada fatal a la institucionalidad en Venezuela. Murió Santiago Nassar y nadie pudo impedirlo porque, secretamente, todos quedaron contentos. Todos excepto los hermanos Vicario que tuvieron que llevar a cabo el crimen con el que no necesariamente comulgaban.

¿Qué pensarán realmente los hermanos Vicario?

Tuesday, October 30, 2012

Pecado de orgullo

 

Estaba parada en el semáforo rojo de una avenida bastante concurrida. Había muchos peatones cruzando la calle. El semáforo se puso en verde  y los peatones se apresuraron en alcanzar la acera, excepto una señora muy mayor, que en vez de pararse en la isla de la mitad del boulevard no se dió cuenta del cambio y a paso de tortuga, sin mirar a ningún lado, siguió cruzando la parte derecha donde yo tenía que acelerar. Me paré en seco en medio del cruce: estaba claro que si tocaba la corneta sólo iba a asustar a la señora y que, de todas maneras, la pobre no tenía la posibilidad de acelerar el paso, así que lo único que yo podía hacer era esperar a que pasara. A mi derecha un ciclista se dió cuenta de la situación y se frenó él también, en subida.

Cuando la señora terminó de cruzar, seguí mi camino y un taxista se me puso al lado izquierdo y empezó a tocarme corneta. Al yo voltear, el me hizo un gesto de indignación y continuó gritando y gesticulando, preguntándome si estaba tocada de la cabeza por haberme parado en medio del cruce. Traté de explicarle con gestos, pero no sirvió de nada, se fue enfurecido. Claramente, como la calle era en subida, él, que probablemente estaba detrás de mi, nunca tuvo la oportunidad de ver a la señora.

El taxista nunca entendió que yo no tenía más alternativa: era frenar o arroyar a una persona. Pero probablemente el se quedará para siempre con la idea de que había que quitarme la licencia.

Yo me sobresalté al principio por la ira de la que era objeto, pero después me dije que era el taxista el que pasaría el día amargado sin causa.

Me acordé entonces de los famosos pecados capitales y en los dos en los que todos caemos a menudo, la ira, pero, sobretodo, el orgullo.

Seguí mi camino asombrada de haber vivido un incidente que demuestraba porqué nunca hay que juzgar sin conocer todos los elementos y diciéndome lo fácil que es caer, como el taxista, en el pecado de orgullo.


Tuesday, October 09, 2012

Análisis del día siguiente

Venezuela despertó el 8 de octubre con el mismo Presidente que ha tenido los últimos catorce años. Un Presidente que casi la mitad de la población no quiere por nada del mundo y que la otra mitad elige a toda costa. 

Ese día, mis amigos amanecieron tristes, incrédulos, despechados.

 Mis amigos me recuerdan a mi misma en la derrota del 2006 e, incluso, en el 2007, cuando, a pesar de la victoria de la Reforma ví con desmayo que había sido tremendamente corta. Esta vez no, porque con los años he aprendido que para entender a Venezuela hay que separarse un poco de lo que dicen los diarios, la gente, los amigos, la familia. Hay que interpretar las cosas de Venezuela como se interpretan resultados de papers; qué hay de verdad en lo que se dice, cuáles son los hechos, cuáles los rumores, cuál es el sentimiento y cuál es la razón. 

La verdad es que yo no estaba convencida de que Capriles ganara, porque los números de las encuestadoras no me cuadraban: Chávez tenía una ventaja muy amplia en la mayoría de las encuestas y los analistas opositores hacían una repartición demasiado favorable de los votos indecisos. En los blogs se indicaba una y otra vez que indecisos eran aquellos que temían hablar pero que votarían por la oposición. Par mi no, para mi alguien que después de catorce años de un desgobierno como el de Chávez todavía se denomina indeciso, es que no quiere decir que seguirá votando por Chávez. 

Por otro lado, debía reconocer que Capriles estaba haciendo una magnífica campaña, como nunca habíamos tenido en Venezuela. Había logrado evitar trampas, no perdía el foco, hacía puerta a puerta y no se dejaba tocar por los insultos. Me gustó su dinamismo , su no-nonsense, su propuesta. Me comenzó a gustar incluso su historia personal de caraqueño del este que decide canjear una vida cómoda por una de cerros, de sudor, de tierra y de servicio a la gente. 

 Los ecos de Caracas eran siempre más fuertes, “esta vez es diferente, Bruni”, el momentum estaba con Capriles, tanto que, ya nadie en mi entorno se preguntaba si iba a ganar, sino por cuánto y, en el caso de una victoria corta, cuál sería la reacción de Chávez. Por unos pocos días comencé a ilusionarme. Quizás la engañada era yo. Quizás Capriles si tenía los votos. Quizás el lunes 8 nos despertaríamos todos en una nueva era, con una nueva vida donde Chávez no ocupara nuestro desayuno y nuestra cena, no determinara amistades, rupturas, tipos de vida. Pero, en el fondo, yo sabía que era wishful thinking. 

Seguí dudando del buen resultado cuando vi que Capriles pedía un debate. La regla en política es que el que está ganando no debate, de nuevo, mis amigos trataron de convencerme de lo contrario dándome toda suerte de excusas. 

Después, la realidad me habló claramente cuando me tocó ver el reportaje “Extreme World Venezuela”, grabado hacía a penas unos meses, en el que el periodista Inglés muestra la realidad del Pérez de León un Viernes por la tarde, la de una cárcel desconodida en un día cualquiera y el refugio de unos secuestradores en las colinas de Caracas. Es un reportaje duro, crudo, que muestra una sucursal del infierno en una Venezuela paralela y una concepción distinta de la vida, donde los derechos humanos no existen, la libertad no existe y la moral se amolda a la horrenda realidad cotidiana. En esa Venezuela insólita, el periodista, que se hacía constatemente la pregunta de cómo podía ser que ése mundo perteneciera al país con las mayores reservas de petróleo del planeta, preguntaba aquí, allá, a un enfermero, a un preso, a un policía, a un intérprete ...y sin importar de qué lado de la ley estuviesen, casi todos tenían palabras amables, casi que de excusas, para Hugo Chávez. Me dije que cuando esa gente, en esa realidad, aún tenían palabras amables hacia Chávez, no había manera que Capriles ganara. 

 Los resultados de la elección no fueron alentadores, pero tampoco desoladores. Son de esos resultados que pueden verse como un vaso medio vacío o medio lleno. Si se le quiere ver medio vacío, pues hay que decir que con un candidato enfermo, después de 14 años de Chavismo, el Presidente logra una victoria seria, con más de 8 millones de votos y gana en casi todos los estados. 

Si se le quiere ver medio lleno, hay que notar que, en porcentaje, Chávez aumentó muy poco el número de votos respecto al 2006, mientras que la oposición tuvo un verdadero brinco. El otro punto que nos permite ver el vaso medio lleno, es que, de haber ganado, Capriles habría tenido que lidear con todos los poderes en contra y, posiblemente, con una crisis económica fulgurante para el año que viene. Por mucho menos, los conspiradores profesionales sacaron a Carlos Andrés Pérez del poder. 

Para volver al vaso medio vacío, se dice que el brinco de la oposición ha sido muy corto en catorce años de gobierno. A eso respondo que, hasta ahora, la oposición ha sido muy lenta: en encontrar una voz, en unificarse, en hacer las primarias. Por ejemplo, los dos o tres meses de más que hubo que esperar para hacer las primarias, son los que quizás le hicieron falta a Capriles para poder cobrar el impulso. 

 Pero el punto más positivo de esta elección vino con el discurso de aceptación de la derrota de Henrique Capriles. Dijo muchas frases significativas, pero transcribo una que recoje la situación en la que nos encontramos “ Para poder ganar, hay que saber perder”. Justamente, éso nos faltaba: aceptar la derrota para entender el porqué y echar hacia adelante. Mientras la derrota fuera la culpa de otros y de circunstancias extrañas, nunca entenderemos qué hacer para convencer a ese poco más de 10% de ciudadanos que nos separan de la victoria y que, a pesar de todo, sigue votando por Chávez. Nos faltaba entender que se perdió, no por máquinas, no sólo por abusos, no sólo por desigualdad, sino porque a pesar de 14 años de desastre, la oferta de Chávez es más atractiva. Para continuar creciendo, debemos enfrentarnos a la realidad porque uno no puede enfrentarse y derrotar a un enemigo que no entiende. 

 ¿Por donde comenzamos? Antes que nada por la unidad. Sin unidad, nunca derrotaremos al chavismo. En segundo lugar, foco: dejar de hacerle tanto caso a cuanto insulto y trapo rojo nos pongan por delante. En éso, Capriles fue asombrosamente efectivo. A corto plazo el foco más importante son las Regionales, pero a mediano plazo, el verdadero reto es volver a ganar la Asamblea Nacional ya que de ello dependen todos los poderes, sin los cuales, sería casi imposible para ningún Presidente opositor llegar al poder y terminar su mandato. 

En conclusión, yo creo que la oposición Venezolana amaneció mejor de lo que se había acostado. Es una oposición más clara, más madura, con más guía, que se entiende mejor a si misma y entiende mejor a la otra parte. Y eso, mis queridos amigos, es el primer paso hacia la victoria.

 Como también dijo Capriles, “El tiempo de Dios, es perfecto”.

Saturday, October 06, 2012

Duele Venezuela

Si no has visto este video, velo hasta el final para que entiendas porqué necesitamos otro camino.
Extreme World Venezuela by f514474884

Trampeandito

La última medida del CNE es vergonzosa y escandalosa. A menos de 48 horas de inicio de las elecciones, se les ocurrió nada más y nada menos que imponer que no se realice el escrutinio en el exterior hasta tanto no se haya dado el primer boletín.

¿Qué significa ésto? Que los miembros de mesa en el exterior tendrán que quedarse hasta la hora que le de la gana al CNE dar el resultado. Si se trata de las 3 de la mañana, pues se quedarán hasta las 3 de la mañana.

Ello conlleva una logística suplementaria, que en muchos casos no podrá cumplirse, en particular para el conglomerado más fuerte de electores, los de Miami, que  no podrán votar localmente porque, sin razón alguna, el Consulado ha permanecido cerrado durante meses.

Lo peor de todo, es que el CNE ha especificado que dará el boletín solamente cuando los resultados sean irreversibles. Es el caso del huevo y la gallina, ¿Cómo pueden considerar la irreversibilidad si es sólo en ese momento que comenzará el escrutinio en el exterior?

Me hago estas preguntas:

1.- Cuál será la logística de resguardo de los votos en las mesas del exterior mientras no se haya dado el primer boletín

2.- Cuál es el objetivo de la medida?

Uno no puede sino pensar que la medida tiene como objetivo:

1.- Descorazonar a los votantes del exterior indicando que su voto no contará
2.- Complicarle la vida a los miembros de mesa, para que no estén presentes durante el escrutinio
3.-Declarar irreversible el voto sin contar los votos del exterior

Todo esto me hace pensar dos cosas:

1.- Que no es tan fácil trampear de manera "hard, así que hay que recurrir a trampitas, lo cual son buenas noticias para los que voten con máquinas.
2.- Que la votación será extremadamente cerrada.

En cualquier caso, vota, porque voto mata trampa.